La IA quiso sustituir la primera consulta médica y no salió como esperaban
Forward quiso automatizar la primera consulta con cabinas médicas guiadas por IA. Su cierre deja una lección clave sobre tecnología, salud y confianza.


La promesa de automatizar la primera consulta médica
Forward planteó una idea tan ambiciosa como atractiva: que una cabina guiada por inteligencia artificial se ocupara de las tareas repetitivas de una primera consulta y que el médico interviniera cuando realmente fuera necesario interpretar, diagnosticar y decidir.
Sus Forward CarePods permitían medir la presión arterial y la oxigenación, realizar pruebas básicas y recopilar datos biométricos sin que hubiera un médico o una enfermera presentes. La IA acompañaba al usuario durante el proceso y organizaba la información clínica para su posterior revisión.
La lógica parecía impecable. Buena parte del tiempo de una consulta se dedica a tomar constantes, registrar datos, formular preguntas estándar e introducir información en un sistema. Forward quería que las máquinas asumieran esa carpintería operativa para que los profesionales sanitarios pudieran concentrarse en hacer medicina.
De la gran promesa al cierre
La compañía instaló estas cabinas automatizadas en centros comerciales, gimnasios y oficinas. Por 99 dólares al mes, los usuarios podían acceder a diferentes pruebas y servicios de seguimiento. El proyecto atrajo más de 650 millones de dólares de inversión y la empresa llegó a superar una valoración de 1.000 millones.
Sin embargo, Forward cerró todas sus operaciones en noviembre de 2024.
El problema no fue únicamente tecnológico. Automatizar un proceso sanitario real resultó mucho más complejo que presentar una demostración convincente. La empresa se encontró con dificultades técnicas y logísticas, además de una adopción insuficiente para sostener el modelo.
La sanidad está llena de excepciones
Una consulta médica no es una secuencia totalmente predecible. Hay pacientes que no siguen las instrucciones, síntomas ambiguos, contextos que cambian el significado de un dato y situaciones inesperadas que exigen criterio profesional. A todo ello se suma algo difícil de parametrizar: la confianza.
Forward deja una lección importante para cualquier proyecto de inteligencia artificial. Automatizar no significa necesariamente sustituir personas, pero tampoco basta con colocar una IA delante de un proceso y asumir que funcionará igual de bien fuera de una demostración.
Mi opinión
La idea de fondo sigue teniendo sentido. Un médico altamente cualificado no debería perder tiempo en tareas mecánicas que una máquina puede realizar de forma segura y verificable.
Pero el caso de Forward recuerda algo esencial en plena fiebre de la IA: el mundo real no es un benchmark. Un sistema puede funcionar perfectamente en condiciones controladas y fallar cuando se enfrenta a miles de excepciones humanas, clínicas y operativas.
La verdadera transformación de la medicina probablemente no será elegir entre IA o médicos. Será combinar médicos, inteligencia artificial y automatización, asignando a cada uno aquello en lo que realmente aporta valor.
¿Automatizarías tu primera consulta médica si supieras que un profesional revisará después todos los resultados?
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